Viaje a la isla de Pascua (II)

Zarpamos en El Pinto para Pascua

Zarpamos el día 6 de enero de Valparaíso. Mi equipo
consistía en varios kilos de anzuelos, muchos metros de nylon de pesca y
algunos trajes usados. En el barco viajaban conmigo, entre otros, dos enviados
especiales de la revista norteamericana «National Geographic Magazine», un
escultor chileno que iba a inspirarse a la isla, un geólogo, dos botánicos, la
cantante chilena Margot Loyola, que iba a recoger folklore de la isla, y algún
isleño de regreso del continente.

Atravesamos la corriente fría de Humboldt y a los dos días
llegamos a la isla de Robinsón Crusoe (Juan Fernández o Más a Tierra), isla
completamente verde, muy montañosa y coronada de nubes. Vive en ella una
pequeña población de pescadores, que capturan en aquellas aguas las mejores
langostas del mundo (Palinustus frontalis).

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Domingo Pakarati, muerto ya, gran conocedor de las costumbres antiguas
de la isla de Pascua, me sirvió de guía durante mi exploración de la isla, en
1960.

En la isla de Pascua

Subí hasta la montaña más alta de la isla, y desde allí pude
ver la otra; la de Más Afuera. (En el Mercado de China, en Cantón, se vendían
pieles de Kotick, o gato marino, que se cazaba en la isla Más Afuera, en el año
1805).

La vegetación era exuberante. Había helechos gigantescos,
con troncos como árboles, y una palma, única en el mundo, de la que quedan muy
pocos ejemplares en la isla. Es parecida a la «chonta», palma de la selva del
Amazonas.

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Mujer Pascuense. Vestida para la misa del domingo. Esta mujer estaba
leprosa y la dejaban salir los domingos de la leprosería. La lepra en el año
1960 era uno de los azotes de la Isla de Pascua
.

Esta isla es un paraíso para los botánicos. Hasta hace pocos
años existía madera de sándalo. En su bahía fue hundido el acorazado alemán
«Dresden» en la guerra del 14. Antiguamente, esta isla había sido refugio de
piratas y almacenaban en ella los productos robados a los galeones que hacían
la ruta Manila-Acapulco.

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Estoy recostado en el hueco donde iba un Moai Maea con sombrero o
corona de piedra llamada Ha’u Moai, o sombrero de las estatuas. Es de una
cantera de escoria roja, cerca de un pequeño pozo de agua llamado Puna Pao.
Todas las estatuas que están encima de los Ahus, los Moais Maea, estaban
coronadas por estos sombreros que son de gran tamaño, de 1,20 a 2 m. de altura
y 2,50 de diámetro. 58 de estas coronas se encontraban a lo largo de la isla,
aunque 31 quedaron cerca de la cantera dispuestas a ser trasportadas a los
Ahus.

Ví una placa en memoria de Alexander Selkirk, marinero
escocés, que vivió en esta isla en completa soledad cuatro años y cuatro meses.
Fue abandonado por la galera «Cinque Ports», de 96 toneladas, en 1704, y recogido
el 12 de febrero de 1709. La placa fue colocada por los oficiales del «Topaze»
en 1868. Daniel de Foe conoció esta historia y bautizó a Selkirk, en su novela,
con el nombre de Robinsón Crusoe. Hay muchas leyendas de tesoros escondidos en
ella por el famoso pirata inglés Anson.

A los pocos días volvimos a zarpar hacia la isla de Pascua.
No me encontraba yo muy bien. Sentía algo de fiebre; me internaron al día
siguiente en la enfermería y me enteré con horror de que tenía tifus. Mejoré
gracias a los medicamentos que llevaba el barco y pude levantarme, aunque sin
fuerzas, el día que avistamos la isla.

Contrastaba mucho con la de Robinsón. Era de líneas muy
suaves y el mar de un incomparable azul turquesa. Estaba lleno de tiburones.
Nos separaban de la costa chilena cerca de 4.000 kilómetros. Al desembarcar
comprendí que la llegada del barco era el acontecimiento del año. Me quedé a
vivir en la casa de una familia indígena, los Pakarati. 

Estoy de pie en la muralla de Aku Vinapu, construida con bloques
megalíticos magistralmente tallados y con una piédra en el centro, exactamente
donde tengo la mano, igual o muy parecida a otra piedra que existe en el templo
incaico de las Tres Ventanas de Machu Pichu, en Perú.

Moai Maea de proporciones gigantescas, tallado en la roca del volcán
Ranoraracu y todavía sin sacar de la cantera. La pequeña prominencia detrás de
mí es la nariz y más abajo, donde está mi mano derecha, los labios y la
barbilla a continuación.

Viaje a la isla de Pascua (I)

Viaje a la isla de Pascua en los años sesenta

A la isla de Pascua desde Chile

Llegué a Chile con el equipo de España de atletismo.
Participaba en el lanzamiento del disco. Cuando los campeonatos Iberoamericanos
estaban a punto de terminar, mientras paseaba por la calle Ahumada de Santiago,
ví en una tienda una extraña estatua, que me produjo gran curiosidad.

Me miraba fijamente desde sus ojos de hueso. Parecía que me
llamaba. Me dijeron que venía de la isla de Pascua, a la que solamente una vez
al año llegaba un barco. Estábamos en el año 1960. Todavía era imposible llegar
a la isla con avión. El mar era el único camino.

El barco —«El Pinto»— era chileno y hacía su único viaje en
enero. Ya desde niño, la idea de la isla de Pascua me atraía con fuerza. Sabía
que era la isla más solitaria del mundo y que estaba llena de misterios. Quise
convencer al entrenador de mi equipo, José Luis Torres, y a algún otro atleta
para que se quedaran conmigo e hiciéramos juntos la expedición, pero no lo
conseguí.

El Archipiélago Juan Fernández, descubierto por el marino español del
mismo nombre, consta de dos islas: Más Adentro y Más Afuera. Al fondo, a la
derecha, la montaña más alta de la isla de Más Adentro, llamada el Yunque, por
su forma. La vegetación de estas islas tiene unas palmeras únicas en estas
latitudes, que se llaman Chontas; las cuales también se encuentran en el
Amazonas.

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Sin saber si tendría o no plaza en «El Pinto», vi marchar al
equipo hacia España y me quedé solo. Tenía que esperar dos meses largos. En el
mes de diciembre, el ministerio de Marina me informó que el barco sólo tenía
plaza para diez científicos, que iban a realizar trabajos encargados por el
Gobierno. No había sitio para mí.

Tuve que revolver todo Santiago en busca de la recomendación
que me permitiría embarcar. Para ello tuve que hablar con el Presidente de la
República en persona.

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