Viaje a la isla de Pascua (I)

Viaje a la isla de Pascua en los años sesenta

A la isla de Pascua desde Chile

Llegué a Chile con el equipo de España de atletismo.
Participaba en el lanzamiento del disco. Cuando los campeonatos Iberoamericanos
estaban a punto de terminar, mientras paseaba por la calle Ahumada de Santiago,
ví en una tienda una extraña estatua, que me produjo gran curiosidad.

Me miraba fijamente desde sus ojos de hueso. Parecía que me
llamaba. Me dijeron que venía de la isla de Pascua, a la que solamente una vez
al año llegaba un barco. Estábamos en el año 1960. Todavía era imposible llegar
a la isla con avión. El mar era el único camino.

El barco —«El Pinto»— era chileno y hacía su único viaje en
enero. Ya desde niño, la idea de la isla de Pascua me atraía con fuerza. Sabía
que era la isla más solitaria del mundo y que estaba llena de misterios. Quise
convencer al entrenador de mi equipo, José Luis Torres, y a algún otro atleta
para que se quedaran conmigo e hiciéramos juntos la expedición, pero no lo
conseguí.

El Archipiélago Juan Fernández, descubierto por el marino español del
mismo nombre, consta de dos islas: Más Adentro y Más Afuera. Al fondo, a la
derecha, la montaña más alta de la isla de Más Adentro, llamada el Yunque, por
su forma. La vegetación de estas islas tiene unas palmeras únicas en estas
latitudes, que se llaman Chontas; las cuales también se encuentran en el
Amazonas.

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Sin saber si tendría o no plaza en «El Pinto», vi marchar al
equipo hacia España y me quedé solo. Tenía que esperar dos meses largos. En el
mes de diciembre, el ministerio de Marina me informó que el barco sólo tenía
plaza para diez científicos, que iban a realizar trabajos encargados por el
Gobierno. No había sitio para mí.

Tuve que revolver todo Santiago en busca de la recomendación
que me permitiría embarcar. Para ello tuve que hablar con el Presidente de la
República en persona.

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